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viernes, 4 de mayo de 2018

EL “SABOR MAMI” PROPICIA LA ADICCIÓN A LOS ALIMENTOS, PERO ADEMÁS LA OBESIDAD


·         Nuestro cerebro se habitúa a los “atracones” de alimentos hipercalóricos, afirmó la doctora en Psicología Herlinda Carrillo Alquicira

·         Al participar en el X Curso taller Nutrición Clínica Metabolismo, que se lleva a cabo en el HJM, dijo que en ocasionescomemos sin tener hambre

La obesidad es un trastorno discapacitante que es resultado de patrones de conducta adquiridos en el entorno familiar a través del “paladar o sabor mami de lo sabroso”, en donde nuestro cerebro se habitúa a los “atracones” de alimentos hipercalóricos, afirmó la doctora en Psicología Herlinda Carrillo Alquicira.

Se trata, subrayó, de un trastorno adictivo a las comidas dulces, saladas, ricas en grasas o carbohidratos procesados, a las que además se acostumbra agregar sazonadores ricos en glutamato, que es un neurotransmisor que es el primer peldaño que conduce a la adicción a la comida.

Al participar en el X Curso taller Nutrición Clínica Metabolismo, que se lleva a cabo en el Hospital Juárez de México ¿Qué fue primero…trastorno de personalidad o la obesidad? la doctora Carrillo Alquicira aclaró que la comida no es adictiva, sino la conexión del individuo con ella.

Asimismo, hizo notar que algunos de los factores que inciden en el trastorno de las personas con obesidad tienen una poderosa influencia externa, y se desarrollan ante la dificultad para diferenciar sensaciones de hambre y saciedad, el inadecuado afrontamiento del estrés, los malos hábitos alimenticios aprendidos y necesidad de pertenencia y aceptación de un grupo la familia, enfatizó.

Esto suele ocurrir cuando comemos sin tener hambre; cuando nos invitan a comer, a pesar de que ya comimos; cuando aceptamos la invitación a comer una torta o un taquito sin tener hambre. Cuando nos dicen: “prueba”, “está muy sabroso”, “verás que te va a gustar”.

Explicó que esta adicción inicia en el entorno familiar, en donde la comida representa algo más que una manera de nutrición. Comer en familia nos brinda el espacio en que además podemos expresarnos, convivir, expresar nuestro amor o manejar de estrés. Es un poderoso medio de comunicación.

La especialista adscrita al Servicio Medicina Crítica, hizo notar que los alimentos con que las personas adictas a la comida tienen mayor problema son: los chocolates, helados, bollería, el pan y las pastas.  

Frente a esta situación, inquirió ante los asistentes al curso taller: ¿cómo rehabilitar a un “cerebro” cuya vía de recompensa natural está pervertida por la adicción a la comida?  La dirección de esta rehabilitación –dijo a continuación- debe tomar en cuenta la situación personal de cada paciente con su entorno particular y la familia a la cual pertenece.

De igual manera como ocurre con las personas que desean curar su alcoholismo, el primer paso de las personas con problemas de obesidad es reconocer la adicción  a la comida.

El camino de la rehabilitación del cerebro es aceptar la adicción a la comida, y si se acepta que la obesidad es una adicción, el abordaje de los pacientes debería modificarse, y en este proceso debe transformarse también el entorno familiar que es en donde inicia éste problema.

El paciente requiere consolidar su propia identidad, dejar de responder a los factores o estímulos externos que lo inducen su adicción, y hacer caso a lo para consumir únicamente lo que requiere su organismo.

Para las personas con obesidad mórbida, la comida debe perder ese simbolismo emocional. Lo mejor es ponerse en manos de especialistas en nutrición o endocrinología.



La obesidad no se resolverá con las indicaciones o recomendaciones que apelan a la “fuerza de voluntad”, “echarle ganas”, o la “moderación”. Esto, concluyó, es una falacia y una equivocación en la que por mucho tiempo incurrimos los profesionales de la salud.