EL COVID-19 Y LA NUEVA NORMALIDAD HAN IMPUESTO CAMBIOS EN LA CONVIVENCIA COTIDIANA DE LAS FAMILIAS


·         La proxémica  adquiere relevancia para analizar y entender ésta “nueva normalidad” y sus implicaciones.

·         La “nueva normalidad” requiere ser construida desde los espacios privados, como el familiar hacia los espacios públicos sin sólo emplear el temor al contagio

La pandemia por Covid-19 y la nueva normalidad han impuesto de manera abrupta cambios en la convivencia cotidiana, particularmente en las familias que requieren ser reflexionados para encontrar alternativas de solución, afirmó la doctora en Psicología Herlinda Carrillo Alquicira.

Al referirse al impacto que la pandemia ha provocado en las familias, dijo que las medidas de seguridad y prevención de los contagios por la epidemia han vulnerado los usos y costumbres de muchas familias en sus dinámicas de convivencia, a tal grado que se han suscitado  casos en los que sus miembros hacen caso omiso de las recomendaciones oficiales.

 A pesar de las encomiendas de las autoridades sanitarias, es un hecho que las familias continúan reuniéndose, haciendo fiestas, comiendo juntos, demostrándose afecto de las formas acostumbradas: besos, abrazos, entre abuelos, nietos, hijos, etcétera,  con posibles  consecuencias desafortunadas.

También, acotó, resalta la respuesta de aquellas familias que desde el principio atendieron puntualmente los llamados o sugerencias de las autoridades, e incorporaron las recomendaciones de seguridad en su convivencia estableciendo una cuarentena más o menos rigurosa.

Al referirse a la situación que enfrentan las familias, la doctora Carrillo Alquicira  indicó que la proxémica  adquiere relevancia para analizar y entender ésta “nueva normalidad” y sus implicaciones.

La proxémica, detalló,  es una disciplina semiótica que estudia la organización del espacio en la comunicación a varios niveles; estudia las maneras que tienen las personas de estructurar y utilizar los lugares. 

Se refiere a las relaciones de distancia y espacio que hay entre las personas que conviven en determinadas situaciones: posturas, tono y modulación de voz en el discurso, conducta no verbal y la dimensión requerida por cada interactuante para determinadas actividades.

Esta disciplina involucra  la percepción y el empleo que el ser humano hace del  espacio físico, de su intimidad personal y de cómo y con quién lo utiliza.

Hizo notar que Edward T. Hall fue el antropólogo que empleó el término  proxémica para describir y comprender los comportamientos de diferentes grupos humanos en diferentes condiciones, observando la estructuración inconsciente del espacio micro o mínimo en las comunicaciones diarias, la organización dentro de las casas o  el diseño de las ciudades y sus servicios, como el transporte colectivo.

Para la sociedad occidental el tamaño de los brazos extendidos a ambos lados del cuerpo marca la distancia proxémica “cómoda” a la que un desconocido puede llegar, si se acerca más a nuestro cuerpo, se experimenta incomodidad, inseguridad, frustración y se disparan señales neuroquímicas (estrés)  de defensa o huida.

En otras sociedades, la proxémica de seguridad para los extraños puede ser diferente dependiendo de la edad, el género u otras variables (como las castas, en la India). Permitir que otro ser humano “invada” nuestro espacio proxémico es señal de confianza, cercanía y afecto,  esta irrupción puede ser a través de olores, actividades, sonidos, comportamientos verbales y no verbales.

Para la doctora Carrillo Alquicira, la situación de las familias que se apegaron a las medidas de seguridad a lo largo de la cuarentena, para evitar contagios por el Covid-19,  es  pertinente de estudio y análisis a través de la proxémica. 

Resaltó que la suspensión de las actividades escolares en todos los niveles convirtió los diferentes lugares de las casas respectivamente en: jardines de niños, primarias, secundarias, bachilleratos y universidades.

Asimismo, la doctora en Psicología se refirió a la práctica del home office, lo cual extendió los horarios de trabajo e hizo poco claros los límites de inicio y finalización de las labores. Esto –subrayó- impactó y afectó las dinámicas de descanso y convivencia de los trabajadores con sus familias.

Las madres amas de casa que de forma cotidiana tenían una convivencia horaria con sus hijos tuvieron la oportunidad de tenerlos en casa en un régimen de 24 X 7, los tiempos que solían disponer para limpieza, elaboración de alimentos, para cuidar de ellas, prácticamente dejaron de existir, añadió.

Las cocinas, las salas, los baños, las estancias, las habitaciones de todas aquellas viviendas que fueron ocupadas a tiempo completo por los miembros de la familia, se convirtieron en lugares donde simultáneamente se tenía que limpiar, cocinar, volverse zona de entretenimiento, esparcimiento, estimulación, de ejercicio, de elaboración de tareas y trabajo.

De acuerdo con la doctora Herlinda Carrillo Alquicira, la proxémica de las familias se vulneró, y la distancia en la convivencia  íntima se modificó de forma espectacular, volviéndose intensiva. Las familias han tenido oportunidad de conocerse más de forma exhaustiva y las idealizaciones al respecto de los hijos, los maridos, las esposas, los tíos, tías, abuelos o abuelas, enfrentó tensiones no conocidas hasta ahora.

De esta manera, señaló que la convivencia forzada  de los grupos de familia  bajo un mismo techo, se convirtió en una experiencia nueva, a veces muy estresante por no corresponder a las expectativas.

Surgieron interrogantes en cuanto a lo que pudo suceder entre familias que comparten una vivienda familiar de dimensiones pequeñas, un solo cuarto, por ejemplo. El hacinamiento es una experiencia psicológica de invasión que tiende a ser normalizada por las circunstancias.

El aumento de la violencia doméstica es una variable que va en consonancia con la experiencia de  “invasividad” de los espacios y recursos que anteriormente quedaban libres a determinadas horas; el que cada miembros de la familia tuviera bien establecidas sus rutinas y el orden y la estructura, impedía confrontaciones.

Indicó que también ha habido muchas familias que han encontrado una nueva estructura para sobrellevar la “nueva normalidad”. Sin embargo, también hay muchas familias que aún continúan experimentando con diferentes formas de organización para sobrellevar los cambios por la pandemia sin mucho éxito.

Frente a esta situación, la especialista afirmó que es fundamental ahondar en las necesidades de los grupos familiares para apoyar la búsqueda de esquemas organizacionales que les permitan desahogar la tensión inducida por la desaparición de la proxémica que existía antes de la pandemia.

Así mismo, ésta necesidad es compartida por absolutamente todos los espacios (laborales, escolares y de transporte) que están por ser reutilizados por las personas conforme se empiecen a incorporar a sus actividades. Decir “sana distancia” en un vagón de metro en hora pico, es un sin sentido, decir que el “amor de la familia es incondicional” sin los elementos que lo sustenten, es una falacia.

Señaló que la “nueva normalidad” requiere ser construida desde los espacios privados, como el familiar hacia los espacios públicos sin sólo emplear el temor al contagio. El miedo no construye responsabilidad, ni genera organización estructural.

Nota por : Manuel Ponce 




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