Marzo... un nuevo inicio
Cada año, en este Hospital, en la Dirección de Investigación y Enseñanza, vivimos un momento de reflexión y cierre de un ciclo académico.
Durante el mes de febrero, despedimos a un promedio de 150 médicas y médicas especialistas, subespecialistas o especialistas con posgrados de alta especialidad. En esta ocasión, fueron 183.
Este evento se convierte en una auténtica celebración del esfuerzo y la dedicación, un reflejo palpable de los logros alcanzados tanto a nivel institucional como profesional.
A nivel institucional, la graduación de cada especialista es un logro significativo que no sólo cumple con los objetivos de formación académica y profesional de estudiantes, sino que también refuerza el compromiso con la misión y visión de nuestro hospital.
Este hito es parte fundamental de las metas programadas y refleja, de manera tangible, el cumplimiento de nuestras responsabilidades en cuanto a la calidad educativa y la rendición de cuentas.
Los resultados de este proceso impactan directamente en la mejora continua de la atención a la salud, pues quien egrese será parte activa del sistema sanitario, y lleva consigo la formación de excelencia recibida en nuestras aulas y servicios.
Para las egresadas y los egresados, este cierre no es sólo el fin de un ciclo educativo, sino el término de un camino complejo y desafiante que ha requerido esfuerzo, sacrificio y perseverancia. Los años dedicados a la formación son, en muchos casos, una experiencia transformadora que ha fortalecido no solo sus conocimientos médicos, sino también su capacidad para enfrentar la realidad dinámica y exigente de la medicina.
También es un tiempo de aprendizaje continuo y de crecimiento personal y profesional que los acompañará a lo largo de sus carreras. Para quienes estamos en enseñanza, este momento es de una enorme satisfacción y orgullo.
Ver a estudiantes convertirse en profesionales capacitados, listos para enfrentar los retos del sistema de salud, nos llena de emoción y nos recuerda la importancia de nuestra labor. Sabemos que muchos de ellos han cumplido sueños que han trabajado durante años para lograr, y al despedirlos, sabemos que, además de llevar consigo conocimientos, también tienen la responsabilidad de mejorar la vida de los pacientes que atenderán en el futuro.
La idea de que hayan adquirido las herramientas necesarias para contribuir al bienestar de la sociedad nos llena de esperanza. Sin embargo, aunque este acto marca el fin de una etapa para los egresados, para aquellos de nosotros que permanecemos, cada marzo se convierte en una nueva oportunidad para seguir creciendo y aprendiendo.
Nos desafía a ser mejores docentes, a actualizarnos, capacitarnos y a continuar siendo ejemplos de compromiso y profesionalismo para el futuro personal médico.
Es un recordatorio de que nuestra misión como formadores nunca termina y de que cada ciclo académico es una oportunidad para mejorar nuestra labor educativa, adaptarnos a nuevos desafíos y seguir aportando al desarrollo de la medicina.
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